Un pescador del mar interior

23Feb08

Me puse hace unos días a leer este tomo de papel muerto que le había regalado hace mucho mucho al Dani, de Ursula K Le Guin. Es realmente increible cómo escribe esta mujer: su manera de describir y de contar historias me fascina.

Este librito en particular es una recolección de cuentos de los ’80 y los ’90. Hay dos que son bien raros, casi chistes hechos historias. El primero, en particular, trata de unos australianos y varios de ellos se llaman Bruce. El hyperlink a los Monty Python fue reflejo, y me sacó una sonrisa de las grandes :)

“El sueño de Newton” explora uno de los caminos a seguir cuando ya la Tierra está tan destruida que varios deciden subirse a una nave e irse. Termina con la nave llena de aquellos que dejaron atrás en el planeta, lo cual me hizo acordar de algunas cosas que pensé cuando quería irme. Y es que una se va con lo que es, y el pasado también es una. Y ya lo dijo Fito Páez en sus “Tumbas de la gloria”:

pero me escapé hacia otra ciudad
y no sirvió de nada,
porque todo el tiempo estaba yo en un mismo lugar,
y bajo una misma piel y en la misma ceremonia

La historia de Muncho (“El querastión”) me hizo acordar mucho al Loom con sus castas por vocaciones, y algo parecido de vocaciones y castas hay en el segundo cuento del chruten, cuando Dalzul va a morirse con la Sacerdotisa.

De ese cuento (“Bailando hasta Ganam”), rescato un par de ideas buenísimas. Una, la del tiempo no como intervalo, no como duración, sino como intensidad. Flashée con eso. Y además, cuestiones tan relativas y con doble filo como que uno está en el lugar donde cree que está, que a veces sirve para (no) irse y encontrarse en otro lugar, pero a veces también sirve para perderse, cada uno con una visión distinta de las cosas, sin una realidad en verdad “real”. La realidad es construida (y destruida) por varios, una historia colectiva, unión e intersección de varios puntos de vista, de sumas de deseos individuales interactuando con otros. Medio siguiendo en la onda se habla de la “interferencia” que pueden ocasionar las mentes (y sus percepciones/interpretaciones) en lo que pase. Y del poder de la música, y el baile (que se retoma en “El pescador del mar interior”). La historia plantea situaciones buenísimas para sentarse a pensar un poco. Para cerrar: sólo funciona a lo que realmente le pusimos ganas, y sólo tenemos certezas sobre lo que arriesgamos (Ursula says).

En general, los tres del churten tienen su encanto. Pero el cuento que realmente me enamoró fue “La piedra que cambió las cosas”. Una oda a la liberación de los pueblos, escrita como sólo Ursula sabe hacerlo, que me hizo sentir como si estuviera viendo la historia pasar adelante de mis ojos, con una narrativa que mezclaba, sin llegar a confundir, el cuento y su historia. Genial.

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